Es indiscutible que cuando te sientas a escribir aparece el saboteador de tu cabeza y empieza a hablarte al oido.
Esa idea es pésima. ¿Seguro quieres incluir a ese personaje? Eso no se ve creíble. Nada de eso suena cierto.
¿Te suenan parecidas esas preguntas?
A mí sí. Después de 10 años de experiencia escribiendo, no hay un solo día que no me cuestione todo eso cuando me enfrento a una página en blanco.
Incluso, te voy a contar un secreto: este texto lo borré más de diez veces. Nada me convencía. Y por eso me animé a continuar, porque no quiero que te desanimes. Recuerda que todas las ideas son buenas, y que siempre pueden ser mejores. Para que logres esa evolución en tu propio texto te propongo que cuando pongas el punto final descanses, camines un rato, te tomes un te y vuelvas al documento. Entonces, pregúntate lo siguiente:
· ¿Cumple tu texto con la promesa o mensaje?
· ¿Empieza por el mejor lugar posible o puede mejorar el inicio?
· ¿Es verosímil el texto?
· ¿Puedes defender por qué incluiste a cada personaje, lugar y escena?
· ¿Incluiste todas las voces necesarias?
Te aseguro que cada respuesta será un arma para combatir ese saboteador interno y vencerlo siempre.
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